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POR LAS RAMAS

'ASIAN

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TEACHERS"

En mi departamento somos un montón, entre profes de francés, español, alemán, japonés, tailandés, mandarín y thai. A los que menos conocía era a los de chino y al de japonés porque no coincidimos muy a menudo y sobre todo porque no suelo pasar por la oficina cuando están las víboras de turno. Cuando más tengo oportunidad de verlos es durante las reuniones en las que todo dios pone cara de circunstancia y ni siquiera abrimos la boca porque sabemos que nuestra opinión, por mucho que nos la pida, no cuenta para nada. Al final, todo lo monta o mejor dicho, lo desmonta la jefa de departamento, que es la mujer más incompetente con la que me haya topado en este trabajo.

Así que en vez de escuchar las tonterías que se cuentan entre las favoritas de la corte, me distraigo observando a los profes asiáticos a ver cómo reaccionan. Los europeos, que ya nos hemos percatado del tema desde hace tiempo, nos limitamos a mirar el techo descaradamente o mirar de lado, con tal de no encontrarnos con la cara de la déspota. Ellos sin embargo, se quedan con la mirada fija, en el vacio como si aprobasen todo lo que se cuenta allí y de vez en cuando se sueltan un comentario en chino que por supuesto nadie entiende. Ya Dong me tiene muy intrigada, a pesar de las burlas de la jefa cuando habla en inglés y le cuesta, él ni se inmuta y se queda con cara de chino enigmático que nada puede afectar. Al principio me daba pena, así como el profe de japonés, pero poco a poco me he dado cuenta de que la desprecian aun más que nosotros y que aplican en chino y en japonés lo de "el mejor desprecio, es no hacer aprecio" cuando ella se empeña en felicitarles como a niños pequeños por algo que hayan organizado.

El lunes ya me di cuenta de que tienen un sentido del humor de lo más divertido, eso que dicen que lo que más separa a las culturas es precisamente eso. Estaba en mi clase digiriendo las tonterías que me acababa de soltar la mujer, cuando nada más salir ella, apareció Kazuya, el profe de japonés, en plan kamikaze, sudando como un pollo por el calor que hace ahora por estas tierras, a punto de tragarse las mesas con las prisas. Me lo quedé mirando sorprendida y no pude reprimir una risotada por la entrada triunfal que acaba de hacer. El también se harto a reírse pero fue cuando le expliqué que estaba hasta las narices de aguantar tantas estupideces, cosa que no le había comentado nunca. Total que me alegró la mañana cuando me dijo en plan sarcástico que estaba impaciente por asistir a otra de esas sonadas reuniones.

Quien ríe el último, ríe mejor aunque sea... en japonés ;)

 

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