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POR LAS RAMAS

"MAPA..

"MAPA..

HUMANO"

       Ya tengo comprobado que el mejor sitio para observar el mapa humano de una ciudad es el metro. Es de los pocos sitios donde la gente se observa con más o menos insistencia. Los tailandeses aunque no tengan esa fama por el mundo, son gente muy recatada. Pocas veces mantienen la mirada más de lo necesario, evitan cualquier contacto físico en las horas punta, y si por necesidad se ven obligados a pegarse a los demás para caber en un vagón, se disculpan y sonríen amablemente. En todos los andenes hay guardias de seguridad que controlan que nadie corra para pillar el metro al último momento y en el suelo hay líneas marcadas que indican donde se encuentra la puerta y por dónde hay que hacer cola para subirse al metro. Nada que ver con los empujones de Paris, donde he visto hasta gente intentando volar desde las escaleras mecánicas para no tener que esperar al próximo y donde a base a codazos cada uno intenta conseguir un espacio aunque sea mínimo, durante el viaje.  

      Entre todo este orden, existe otro tipo de desorden, que desafortunadamente da de comer a más de uno o una. El espectáculo sale a la luz, el fin de semana. Es cuando salen los turistas de sus hoteles y pasean a la chica/chico/travesti de turno. En cada vagón hay una pareja, de las que se miran, y no se entiende muy bien la lógica del asunto. Ingleses, americanos o alemanes que aquí parecen gigantes con una chica tailandesa con aspecto de quinceañera, o con un travesti que como dice mi hija, daría complejo de fea a cualquier bombón europeo. Un negocio que mueve mucho dinero en este país y en otros de la zona,  ya que probablemente, en un fin de semana, se sacan sobresueldo, desde el portero del hotel, hasta el recepcionista y el taxista de la puerta. Pero el engaño sigue disfrazado en las miradas lascivas que se prodigan estos personajes en público, cosa que no parece demasiado gustar a los tailandeses que van o vuelven de trabajar cada día y que tardan horas en llegar a su casa, por un salario ridículo. Pero a pesar de esto, ellos siguen manteniendo su dignidad y supongo que su sentido de la compasión.

     Hace un par de días, a mi lado tenia a una mujerona rubia europea en la que fácilmente reconocí un acento alemán cuando se dirigía en inglés a la chica tailandesa que iba con ella. Debía de tener unos 50 y pico años y la tailandesa no pasaba de los 20. Sus caricias por la espalda de la chica, volvieron más de una mirada y me dieron de que pensar durante el recorrido. Me imaginé a la mujer en una casa cómoda de Berlín o de Hamburgo, con su Mercedes en la puerta, viviendo más o menos a escondidas su homosexualidad y soñando todo el año con venirse a Bangkok a encontrarse con ella, a la que seguramente mandara dinero cada mes. La tailandesa, probablemente, trabajaría para alguna agencia, tendría a más de una o uno en su agenda, repartidos durante el año que le permitirían llevar a su hijo a un colegio decente y mantener a sus padres en algún pueblo de provincias, en una casa de madera, con la ropa colgando fuera en la calle y los perros piojosos dando vueltas.

     Puede que me montara la película sola, quizás esté totalmente equivocada y solo sea  una cuestión de sentimientos…. Ojala fuera así, pero los años ya me están ayudando a sacar conclusiones rápidas. ¿Quien engaña a quien..?  ¿ o quien se engaña a sí mismo? ¿Qué saca cada uno de una relación como esta o al fin y al cabo, de una cualquiera, porque son todas las mismas. Amor, desamor, que se pagan a plazos más o menos largos, según la resistencia de cada uno. Las mismas leyes que siguen dando vueltas por el mundo, desde que lo poblamos, entre dos seres humanos que sólo se distinguen por su capacidad de sobrevivir, con o sin él, de perder la cordura en un momento, o de hundirse en un abismo al día siguiente.    

 

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