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POR LAS RAMAS

"THE MASTER OF..

"THE MASTER OF..

BRUGES"

De Terence Morgan

Entre las cosas que llevaba años sin hacer y que de golpe he vuelto a descubrir, está la lectura de libros en inglés. Yo misma me extraño de que me haya dado por esto a estas alturas de mi vida, con la manía que hubiese podido cogerle al idioma y a todo lo relacionado con ello, pero no. Viviendo en el extranjero donde no tengo acceso a libros en español o en francés, y siendo la visita a las tiendas de libros una de mis actividades favoritas los fines de semana, no hay nada que dé tanta rabia a mí misma, como ver un montón de libros interesantes y por cabezonería negarme a leerlos. Eso me ha pasado durante varios años, porque pensaba que mi nivel de inglés no era suficiente como para poder tragarme 300 páginas sin tener que mirarme el diccionario, cosa a la que tampoco estoy acostumbrada. Me encantan además las novelas históricas bien escritas así que esta reunía las condiciones suficientes como para que lo comprase. Esta cuenta la vida de un pintor Hans Memling, en el siglo XV en esta ciudad.

Será por la coincidencia también, todo lo que me ha vuelto de golpe a la memoria en las primeras páginas del libro. Debía de tener unos diez años cuando mi padre me llevó a mi sola a Bruges de viaje, un fin de semana. No recuerdo las circunstancias exactas del viaje, pero si, recuerdo perfectamente los canales, las casas medievales y una imagen que no se me ha salido de la cabeza todavía. Durante nuestra visita al museo de pintura flamenca de la ciudad, me quedé boquiabierta delante de un cuadro en particular. Se llamaba "Le supplice de Sisamnes", y descubri mas tarde que lo pinto Gerard David en 1499. En él se veía a un hombre atado en una mesa, rodeado de nobles de la época, observando como le quitaban la piel a trizas. Era tal la calidad del cuadro que se podían distinguir las venas en la piel al descubierto y la cara de espanto del pobre hombre en la mesa sufriendo tal tortura. Sé que me impresionó mucho a la edad que tenía en ese momento, y seguro que lo volviese a ver me volvería a dar la misma sensación. Una mezcla de atracción morbosa que llevamos todos dentro y de admiración por el pintor. Quizás de ahí me vino mi afición por la pintura flamenca, que sigo admirando en las galerías del Louvre o del Prado cada vez que voy a Paris o a Madrid, aunque las haya visto 20 veces. En todo caso, tendré que volver a visitar esa ciudad belga algún día, esperando que pueda ser de nuevo, en compañía de mi padre.

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